Entrevista con José Antonio Navarro, presidente del Clúster de Innovación Agroalimentaria de la Comunidad Valenciana
¿Cuál es la misión principal del Clúster de Innovación Agroalimentaria de la Comunidad Valenciana?
El objetivo de un clúster es aglutinar, ser un punto de referencia en el que el sector agroalimentario y sus industrias auxiliares puedan preparar proyectos conjuntos. Queremos que entre los propios asociados surjan sinergias y, desde el clúster, les ayudaremos a desarrollarlas. No vendemos ni producimos nada, nuestra función es encauzar necesidades y ayudar a llevar proyectos a buen término.
¿Qué tipo de entidades pueden formar parte?
Cualquier entidad vinculada al sector agroalimentario, desde el campo hasta la comercialización: cooperativas, pequeñas y medianas empresas, agricultores, empresas de tecnología aplicada al agro… La idea es que todos tengan un espacio para innovar.
¿Cómo surgió la idea de crear este clúster y qué necesidades busca cubrir en el sector agroalimentario?
La iniciativa surgió en 2019. Yo trabajaba en una empresa de tratamientos poscosecha sin residuos y veíamos que este tipo de productos quedaban en un limbo: no eran ecológicos, pero tampoco convencionales. Esa falta de marco legal nos impulsó a unirnos varios actores y crear el clúster. Queríamos dar cobertura a esas empresas, sobre todo en un sector como el citrícola, que es muy cerrado y dependiente de la exportación. A partir de este inicio se empezaron a desarrollar proyectos, y nos hemos ido expandiendo también hacia sectores tecnológicos, ligados a la industria agroalimentaria.
¿Qué papel juega la innovación?
La innovación es imprescindible. Sin ella, el sector no puede competir. Hoy en día hablamos de sensorización de campos, uso de drones, inteligencia artificial para prever precios, trazabilidad con blockchain… Son herramientas que ya existen y que permiten a agricultores y empresas ser más eficientes, competir en costes y garantizar la calidad al consumidor.
¿Cuáles son los principales retos del sector?
Hay varios. El relevo generacional es crítico: muchos jóvenes no se incorporan a la agricultura, mientras que en la ganadería sí se está produciendo un cambio con gente joven que entra y recibe formación. Otro reto es la competitividad frente a países como Marruecos, Egipto o Israel, que tienen costes laborales mucho más bajos. Y también está la falta de confianza en proyectos innovadores: muchas empresas reconocen la necesidad de cambiar, pero no se atreven a dar el paso.
¿Podría compartir algún proyecto emblemático que esté generando un impacto real en el territorio?
Hemos trabajado en varios. Por ejemplo, el proyecto ACCESO, que fomenta la implantación de ecoregímenes con soluciones optimizadas en cultivos como caqui, tomate, pera o maíz. También hemos impulsado iniciativas en trazabilidad con blockchain, y sistemas de predicción de precios mediante inteligencia artificial. Entre varios socios hemos logrado captar más de un millón y medio de euros en financiación para innovación en los últimos 3 años.
¿Cómo puede beneficiarse un pequeño agricultor del clúster?
Puede participar igual que una gran empresa. Desde sensorización de campos hasta proyectos de trazabilidad, todo es aplicable a pequeña escala. Por ejemplo, instalar sensores es una inversión perfectamente asumible, que se amortiza rápido con la mejora en rendimiento y ahorro de costes. Además, el clúster garantiza que se trabaje siempre bajo principios de precio justo para el agricultor.
¿Cuáles son las mayores barreras para innovar en el agro?
Más que técnicas o económicas, son culturales. Existe una cultura empresarial muy conservadora, sobre todo en el sector citrícola, que hace que muchos se queden en la queja sin pasar a la acción. A veces se habla de innovación, pero luego no se da el paso por miedo o falta de confianza, aunque los riesgos de implantar estas tecnologías son mínimos.
¿Qué tecnologías están transformando más el sector agroalimentario?
La digitalización y la inteligencia artificial, sin duda. La sensorización del campo, la automatización en almacenes, el blockchain para la trazabilidad y la analítica predictiva están marcando el futuro. En otros países se aplican de forma más decidida; aquí aún falta confianza.
¿Cuál es tu trayectoria profesional antes del clúster?
He sido director comercial de una multinacional del sector industrial, lo que me permitió conocer muchos sectores distintos. Posteriormente mi trabajo es el de consultor en marketing y comercialización. Esta dilatada experiencia empresarial es la que aplico ahora en el clúster para ayudar a empresas y agricultores a ser más competitivos y sostenibles.


